lunes, 4 de junio de 2007

El que pega primero pega dos veces...


Todo comenzó con el caso Zongolica y Ernestina Ascencio. El lunes 19 de marzo de 2007, Carlos Marín, director del periódico Milenio Diario, escribió en su columna sobre el tema, al que se refirió como:

“Una de las más escalofriantes infamias que se han maquinado en los años recientes, se antoja cocinada y servida para golosos de truculencias delirantes”

Y añadió:

“El cuento habla de un asesinato precedido por una violación militar tumultuaria de la viejita de 73 años Ernestina Ascencio Rosario, que vivía en la comunidad veracruzana de Tetlatzinga, en la Sierra de Zongolica”

Este es su punto de vista. Su opinión, pues. Muy respetable. A muchos pudo haberles gustado, a otros no. El caso es que Marin dejó en claro que lo acontecido en la sierra de Zongolica, Veracruz, fue puro cuento.

La cuestión es que Carlos Marín habló del tema nuevamente el 23 de abril de 2007 en su columna El Asalto a la Razón.

¿Qué tiene esto de interesante? Que en su columna habla de la periodista Carmen Aristegui de la siguiente manera:

Sorprende por lo mismo que hayan cooptado a periodistas (pocos por fortuna) acreditados entre los “políticamente correctos” que tanto elogia López Obrador, de manera sobresaliente a Carmen Aristegui, a quien chamaquearon para machacar la mentira original”

Marín continúa diciendo:

El jueves reciente, en Hoy por Hoy de la XEW, la conductora incorporó a los periodísticos el burdo género de la pastorela”

El primer golpe estaba dado. La conductora de radio nunca reclamó ni hizo alboroto por lo dicho en su columna Carlos Marín. Su silencio era su única respuesta.

No obstante, el columnista Miguel Angel Granados Chapa estaba en desacuerdo con lo publicado en la columna El Asalto la Razón, de Carlos Marín, y en su columna publicada el 30 de abril de 2007 en el periódico Reforma argumenta lo siguiente:

“¿Usted le cree a Soberanes?Yo tampoco. Porque es claro que a veces miente y en otras sospecho que lo hace. Como en el caso de la señora Ernestina Ascensio Rosario, probablemente asesinada, en que la Comisión Nacional de Derechos Humanos que preside el doctor José Luis Soberanes ha adoptado una línea de investigación que permita exonerar a priori a miembros del Ejército, inicialmente señalados como presuntos responsables del ataque sexual a la anciana de habla náhuatl que moriría a causa de esa agresión”

Obviamente para Granados Chapa el caso Zongolica era netamente verdadero, así que salió en defensa de la periodista Carmen Aristegui y remata su artículo diciendo:

“Ha sido pretexto (el caso de Ernestina Ascencio) para torpes descalificaciones como la que pretendió Carlos Marín respecto de Carmen Aristegui, la más inteligente y acuciosa informadora de medios electrónicos. Pensé de pronto en la fábula del sapo y la luciérnaga en que ésta, sorprendida, pregunta al batracio por qué la aplasta y desde su rencor el agresor pregunta a su vez: ¿por qué brillas? Pero es una mala comparación porque en la vida real la luciérnaga sigue iluminando y el sapo se queda sapo”

Marín no respondió a lo dicho por Miguel Ángel. La cuestión parecía olvidada.

Sin embargo, el viernes 1 de junio de 2007, Carmen Aristegui dio a conocer una grabación en su programa Hoy por Hoy en la que pone de manifiesto que ésto aún no pasaba a la historia:

“Le voy a presentar unos fragmentos de lo que se dijo en el seminario organizado por la Comisión de Derechos Humanos del DF, dentro de las mesas de trabajo hubo una en particular que llamó mucho la atención, por los dichos y por la manera en que se dijeron las cosas respecto a la tarea periodística en este país. Yo me pregunto, últimamente qué pensarán los periodistas y colegas del periódico Milenio. De lo que hace y dice su director general”

Aristegui deja correr en el programa una grabación en la que se escucha a Carlos Marin argumentando lo siguiente:

Me ofende personal profundamente que se haya despenalizado la calumnia. A mí me dio una carta de impunidad, pero que le garanticen a los periodistas no pisar la cárcel me parece una profunda marranada que algunas personas propugnaron porque así fuera dentro de la industria de la información y de la opinión

El oficio periodístico es un trabajo que cuando se domina se hace prácticamente en automático, la reflexión viene a partir de los datos que tiene el pobre buey que trabaja de reportero. Si a mí alguno de mis hijos me dijera: papá, ¿es cierto que eres orientador social? Le contestaría chinga tu madre.

Somos y lo digo sin vergüenza pero con conciencia de la dosis de contención que les pido tengan para digerirlo yo soy un manipulador de información, igualito que Roberto Rock, igualito que el señor Hernández, igualito que todos sus compañeros en EL UNIVERSAL, LA JORNADA, en Insurgentes o Reforma o en el periódico que ustedes imaginen o en la empresa noticiosa, de radio o de televisión que quieran, nos ponemos a hacer un trabajo que no es con la cabeza es con las nalgas, a mi me cuesta mucho trabajo, probablemente dos horas escribir no un pie de foto pero casi un pie de foto o poquito más, hay que escribir, hacer, releer, rehacer, corregir, apuntalar, y lo que se cansa es el cuerpo, y por supuesto la cabeza…”

¡Ahaha! Aristegui no se quedó de brazos cruzados y pegó, muy fuerte, a quién en un principio la había expuesto. La grabación dejaba ver a un Carlos Marin distinto (al menos para mí) de lo que se creía. Al escucharla, me quedé pasmada. No creía que Marin hubiera dicho semejante cosa.

En fin, creo que la historia va para largo porque hoy, 04 de junio de 2007, Milenio Diario publica en El Asalto a la Razón un artículo en el que Marín se defiende de lo expuesto en radio y dice lo siguiente:

Entre la audiencia estaban dos majaderas y anónimas “periodistas”, de ésas “conscientes” del servicio social del periodismo, que se ofendieron; una, porque a mi tarea le llamo “oficio” y ella a la suya “profesión” (qué susto), y la otra por lo de las nalgas”

¿De quién esta hablando Marin? No lo sé. No tuve el gusto de estar en el Seminario Internacional sobre libertad de expresión, en donde se desarrollo lo último de este texto. Así que les dejo la historia para que ustedes se formen su propia opinión y tengan el poco contexto de lo ocurrido.

Lo que sí sé, es que ésto no va a tener un final feliz. Pero como dice el dicho “Que gané el mejor” ¡Arrivederchi!

2 comentarios:

Moon Bitter dijo...

ESE MARÍN YA PERDIÓ EL PISO, SU DESFACHATEZ NO TIENE LÍMITES, MEJOR QUE SE REGRESE A LA SEPTIÉN A DAR CLASES Y SE DEJE DE CONTAMINAR ESTE HONORABLE OFICIO.QUE EL NO PUEDA DESLIGARSE DE INTERESES NO ES PROBLEMA DE LA OPINIÓN PÚBLICA, QUE EL SE DEDIQUE A DEFENDER LO INDEFENDIBLE, NO ES CULPA DEL PUEBLO.

Mau Periodismo UNAM dijo...

Me consta bien que seguir un caso con algún afán medianamente periodístico (o sea, queriendo dar cuenta de un hecho, contárselo y explicárselo al lector, para lo cual primero tienes que entenderlo tú mismo) no es cosa fácil.

Creo que lo es menos aún cuando en ese caso se toca un asunto polémico y, además, hay muchos matices y, por lo mismo, cada quien puede tener una opinión igual de válida que el resto.

En fin, debo decir que no conozco a fondo ni el trabajo de Carmen Aristegui ni el de Carlos Marín; ella se me hace muy buena entrevistadora y él (aunque no me cae muy bien) levanta el debate. Y bueno, una de las reflexiones que a mí me quedan de todo esto es que, para decir lo que en realidad se quiere decir, hay que ser muuuuy cuidadoso con la forma y el tono de hacerlo. El lenguaje puede ser bastante traicionero.

Buena columna, Ale. Para dejarnos pensando. Y, como dirías tú: "Arrivederchi".

Mau